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Imagínese que usted tiene un negocio de tortas y pasteles al por mayor. Desea hacer una campaña e imprime 10 mil volantes. Contrata un repartidor para que los entregue en tiendas y restaurantes. El repartidor toma sus volantes, arroja 9500 de ellos a un tacho de basura y el resto los lanza al aire en la mitad de la calle para que los tome quien pase por ahí. Luego regresa, en tiempo récord claro, para que usted le pague por la repartición de los 10 mil volantes. Y usted le paga, gustoso y contento por lo rápido que el volantero realizó el trabajo.
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